Revista Digital de Investigación y Postgrado, 5(9), 41-58
ISSN electrónico: 2665-038X
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La inteligencia emocional de los docentes para el aprendizaje
de la biología en los estudiantes universitarios
positivo en el aula para disminuir el estrés inherente a la profesión y mejorará la comunicación
y la relación entre los estudiantes, compañeros y la comunidad educativa. Los docentes con
inteligencia emocional desarrollada proyectan una personalidad comprensiva en el trabajo dia-
rio, que va más allá de observar el comportamiento de los alumnos. Pues, se debe entrar en
los sentimientos, entender qué significan las conductas, comprenderlos y crear un ambiente
de diálogo, entendimiento y escucha activa.
Según Heredia y Sánchez (2020), un docente debe poseer una formación que le permita crear
un entorno de aprendizaje positivo que promueva la adquisición de saberes de los alumnos.
De modo que el entorno educativo se convierta en un reflejo más positivo de la sociedad. Asi-
mismo, debe fomentar un clima escolar adecuado, el cual se asocia con el desarrollo físico y
psicológico que favorezca un aprendizaje óptimo, la reducción de conductas disruptivas y la
formación de buenos grupos y empatía.
Por su parte, Bulás et al. (2020) expresan que, cuando se logra desarrollar estas competencias
emocionales básicas, es fácil construir otras como la autonomía, compromiso y pensamiento crítico.
Cuando el profesor sabe enseñar emocionalmente, los alumnos disfrutan más del colegio, cons-
truyen fácilmente su autoestima, son más creativos e identifican la calidad humana de cada estu-
diante. Todo ello reduce los problemas de disciplina y el ambiente escolar es menos agresivo.
Recientemente, el docente se está dando cuenta del impacto que tienen las emociones de los
alumnos. Sin embargo, en muy pocos centros educativos se han establecido los contenidos y
propósitos académicos afines con la inteligencia emocional. En este aspecto, Ávila (2019) expresa
que existe corresponsabilidad por el desarrollo socioemocional del estudiante en el proceso
educativo. El cual inicia en la armonía que debe existir entre la familia, ya que es el modelo
afectivo que forma el primer entorno de socialización y educación emocional del alumno. El
segundo es el entorno académico que, con el apoyo de las leyes, estrategias y recursos, los
profesores deben fomentar la inteligencia emocional en la clase.
Por otra parte, Coll (2017) expresa que el aprendizaje de las personas consiste en la recepción,
asimilación y acomodación de saberes. Igualmente, Kolb (2014) señala que se observa cuando
los sujetos adquieren o modifican capacidades, conocimientos y conductas debido a las expe-
riencias vividas. Por lo tanto, aprender es el proceso de construir experiencia y adaptarla a las
nuevas situaciones. El aprendizaje forma parte del desarrollo personal y ocurre mejor cuando
el sujeto está motivado, quiere aprender y se esfuerza. Para esto, tiene que prestar atención,
usar su memoria y razonamiento lógico.
En este aspecto, Ojeda (2022) señala que para que ocurra un buen aprendizaje debe haber las
siguientes condiciones: los métodos, procedimientos, estrategias, recursos, motivación, voluntad
y adecuada distribución del tiempo. Es por ello, que el docente debe poseer inteligencia emo-
cional y gestionar adecuadamente las emociones de los estudiantes ya que puede traer varias
consecuencias como: la marginación o problemas sociales como el mal humor, aislamiento, re-
servas, insatisfacción y dependencia.