La patria en José Martí:  Cuba,

Nuestra América y el mundo

The homeland in José Martí: Cuba, Our America and the world

Rosa María Medina Borges[*]


Universidad Médica de La Habana

Bogotá DC – Colombia.

https://orcid.org/0000-0002-3592-1745

Resumen

Se aborda la concepción martiana de la Patria desde tres dimensiones posibles (Cuba, Nuestra América y el mundo). Martí configura una subjetividad emancipatoria para Latinoamérica respecto a modelos foráneos. El objetivo es valorar los elementos constitutivos de la concepción martiana de la Patria, a través de algunos de sus textos relevantes. La metodología aplicada es el análisis reflexivo de los textos martianos, con la articulación de sus ideas a partir del instrumental terminológico de su época, que supera de manera magistral. En lo formal por el uso de un lenguaje metafórico de excelsa calidad. En lo esencial, mediante la lectura revolucionaria y transgresora de los excluidos. Se concluye que en su obra existen tres momentos de síntesis y recomposición conceptual acerca de la Patria, que se concretan en: La República Española ante la Revolución Cubana (1873), Nuestra América (1891) y la Revista Literaria Dominicense (1895).

Palabras claves. José Martí, Patria, Cuba, Nuestra América, Cosmopolitismo.

Abstract

The conception of homeland in Martí's work is approached from three possible dimensions (Cuba, Our America, and the world). Martí configures an emancipatory subjectivity for Latin America in relation to foreign models. The objective is to assess the constitutive elements of Martí's conception of homeland, through some of his relevant texts. The methodology applied is the reflexive analysis of Martí's texts, articulating his ideas based on the terminological framework of his era, which he masterfully transcends. Formally, this is achieved through the use of metaphorical language of exquisite quality. Essentially, it is achieved through a revolutionary and transgressive reading of the excluded. It is concluded that in his work there are three moments of synthesis and conceptual recomposition regarding the homeland, which materialize in: La República Española ante la Revolución Cubana (1873), Nuestra América (1891), and the Revista Literaria Dominicense (1895).

Keywords: José Martí, Fatherland, Cuba, Our America, Cosmopolitanism.


Introducción

La obra toda de José Martí estuvo encaminada a la educación social para la felicidad de nuestros pueblos de América. Estudiados por él los procesos independentistas del continente y organizando el de Cuba, comprendió de manera muy profunda la necesidad de encaminar una educación para la libertad de los seres humanos y el ejercicio de una democracia basada en la participación e inclusión de los sectores sociales excluidos. Asunto que todavía hoy se encuentra pendiente en la casi totalidad de los países latinoamericanos.

Se pudiera afirmar que a través del término Patria José Martí va configurando una subjetividad emancipatoria para Latinoamérica, respecto a algunos modelos foráneos. El presente artículo se propone valorar los elementos constitutivos de la concepción de la Patria en José Martí, a través de algunos de sus textos más representativos. A su vez se aborda desde tres dimensiones posibles (Cuba, Nuestra América y el mundo).

La novedad del resultado radica en que se rastrea el enriquecimiento del término Patria, de manera transversal, a lo largo de toda su obra. De lo cual se pudo constatar que no se reduce a Cuba, sino que se enjuicia la evolución de la idea de Patria a lo largo del tiempo y en las tres dimensiones mencionadas.  La precisión teórico conceptual de escritos medulares, donde el autor referido logra sintetizar ideas desplegadas en muchos artículos, crónicas y discursos; constituye un hallazgo relevante.

Materiales y método

La investigación es bibliográfica, exploratoria y documental, con un propósito cualitativo. Se recopilan, seleccionan y analizan reflexivamente numerosos escritos martianos. Se logra seguir la ruta crítica mediante la cual José Martí articula sus ideas a partir del instrumental terminológico de su época, superándolo desde esta perspectiva. En lo formal por el uso de un lenguaje metafórico de excelsa calidad y muy propio. En lo esencial, al realizar una lectura revolucionaria y transgresora del mundo, desde la posición de los excluidos.

Resultados y discusión

Cuba lo tomó en sus brazos y le besó la frente

Desde fines del siglo XVIII hasta mediados del XIX, en Cuba se libró -desde los círculos culturales y pedagógicos- una fuerte contienda por la libertad. La batalla por la independencia del pensamiento sería la antesala de la revolución independentista comenzada en 1868. En Martí, al igual que en sus predecesores, la reflexión acerca de la patria ocuparía un lugar esencial.

Entre sus tempranas publicaciones patrióticas se encuentra el poema dramático Abdala (Martí, 1983). A través de la aparente y lejana Nubia se dirime el conflicto de Cuba. El joven se transfigura en los combatientes nubios. Es un participar velado frente a la imposibilidad real de combatir en la primera guerra de independencia (debido a su corta edad y residir lejos de la región de los acontecimientos). Expresaría que el pueblo es la patria, así como el dilema de todo su existir: patria versus familia, cuya solución define en el texto con un dramático desgarramiento. En este temprano escrito, ofrecerá un modelo ético para las madres cubanas, hijas de una madre mayor (Cuba).

En su prédica política futura se convertirá en una constante simbolizar las relaciones de la colectividad mediante lazos filiales, lo cual era muy común para la época. Por otro lado, sería en Abdala donde Martí defina por primera vez su comprensión acerca del amor a la patria. No lo consideraría solo como apego a una entidad geográfica sino basado en dos pilares: el odio invencible y el rencor eterno al opresor, así como, la memoria histórica (elemento indispensable en los procesos de identidad nacional).

Su amarga experiencia en el presidio departamental de La Habana (Medina, 2023), de hondo significado para su maduración personal y política, lo harán renunciar al odio y al rencor como elementos concomitantes al sentimiento patrio. Su testimonio, publicado- durante su estancia en España en 1871- estará matizado por un profundo humanismo que empalma (posiblemente) con los debates que tenían lugar para entonces en Francia y España acerca de la patria y el patriotismo. Hasta esos momentos la exhaltación de los valores nacionales se basaba en la contraposición a un poder foráneo. Ahora se potenciarían los aspectos referidos a la fragua interior de cada pueblo en cuanto a los recuerdos, las afecciones y el elemento intelectual.

La anterior idea aparece de manera explícita en el escrito martiano: La República Española ante la Revolución Cubana (Martí, 1991a). Propone un diálogo entre dos naciones con iguales derechos, dónde la independencia cubana se funda en la voluntad del pueblo como única fuente de legitimación. Mientras que la integridad nacional española (fundamento ideológico de su espacio colonial) era ya insostenible. A demostrar la falsedad de este concepto dedica la mitad del folleto.

La histórica debilidad de la burguesía española, puesta a prueba en los movimientos liberales ocurridos en la primera mitad del siglo XIX, unida a las limitaciones de la República de 1873; le hacen descartar la posibilidad del cambio de la política colonial del nuevo gobierno. El Apóstol cubano utiliza los propios postulados del liberalismo político enarbolados por los republicanos españoles para validar los ideales democráticos del pueblo cubano: Y Cuba se levanta así, su plebiscito es su martirologio, su sufragio es su revolución. Define los rasgos esenciales que configuran a la patria cubana:  son consustanciales a ella la libertad por derecho propio, y una vida social presidida por la confluencia de la unidad de tradiciones, la comunidad de intereses y fines, así como el momento afectivo del amor y la esperanza:

Y no constituye la tierra eso que llaman integridad de la patria. Patria es algo más que opresión, algo más que terreno sin libertad y sin vida, algo más que derecho de posesión a la fuerza. Patria es comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas¨ (Martí, 1991a, p. 93).

Se puede afirmar hasta aquí que el ciclo temprano de la concepción patriótica martiana se cierra y al unísono comienza su madurez creativa, en la frontera discontinua de La República Española ante la Revolución Cubana. Sus experiencias de vida en varios países de Latinoamérica y Estados Unidos fortalecerán y ampliarán su visión acerca de la patria cubana. De la cual nunca ofrecerá una definición ontológica o metafísica, sino que la sitúa como resultado de la historia y las luchas de un pueblo para el cual ejercerá él mismo el liderazgo, a partir de la década del noventa del siglo XIX.

La patria cubana: el discurso que nombra y al nombrar genera

A lo largo de toda su obra, José Martí ejerce la pedagogía social ya que se propone contribuir a la educación de los cubanos en el Deber Ser de la patria a través del Poder Ser y del Hacer. Lo más representativo de esa labor fundadora se puede encontrar en sus cartas, artículos de prensa, discursos y documentos de Partido Revolucionario Cubano (PRC).  La patria en Martí (García, 1992) cuenta con diversas denominaciones, lo cual hace difícil la comprensión del tema, así como, los elementos componentes de su idea a lo largo de la vastedad de su escritura. Entre las más comunes, se encuentran:  pueblo, país, Cuba, Isla, Tierra, República y Nación. Por otro lado, al asociarla con la familia, la naturaleza, las edificaciones, la casa, el taller, o el ser humano; se logra una gran efectividad del mensaje educativo y político pues admite receptores con una gran gama de posiciones sociales, generacionales y culturales.

En su prédica revolucionaria realiza Martí un repaso de la historia y la cultura cubanas y vuelve sobre las figuras (poetas, pensadores, guerreros) que contribuyeron con su obra y palabra a edificar la cubanía. Los sobrados ejemplos de heroicidad y virtud ocuparán un lugar especial. Cuatro aspectos destaca Martí como elementos que definen la trascendencia de la creación espiritual de la primera mitad del siglo XIX cubano: a) en lo literario, el uso de la sátira como recurso liberador y de reafirmación ética, b) desde el punto de vista cognoscitivo, el amor a la ciencia y al estudio de las leyes naturales, la tendencia hacia la polémica y la crítica como ejercicio del criterio, c) la vocación para barrer en las artes intelectuales con la filosofía y el derecho castizo, con la ciencia de la momia y el esnobismo científico, d) la institución de la variante cubana de la lengua castellana, como vehículo para la cristalización de una cultura de raíces propias, no solo porque desplazara al latín de la enseñanza sino por incluir términos populares y criollos en su acervo. Esas ideas serían acompañadas por el reconocimiento del Seminario de San Carlos y San Ambrosio como el principal recinto donde se libró la primera batalla por la independencia de Cuba: la batalla por la independencia del pensamiento.

También le sería recurrente escribir o discursar acerca de la epopeya independentista de 1868 (o Guerra de los Diez Años), resaltando su papel en el hermanamiento de amos y esclavos, negros y blancos, ricos y pobres; y la idea del sacrificio como purificación del Ser Nacional. Desde 1878 cuando aún era un desconocido comienza a recopilar información sobre la Guerra de los Diez Años, con el objetivo de estudiar los resultados prácticos de esa primera experiencia revolucionaria y la constitución de sus factores humanos, para conocer que se podía esperar o temer del porvenir. En la primera carta al general Máximo Gómez, le confesaba:

Escribo un libro y necesito saber que cargos principales pueden hacerse a Céspedes qué razones pueden darse en su defensa…las glorias no se deben enterrar sino sacar a la luz… De mi tal vez nadie le dé razón, Rafael María de Mendive fue mi padre: de la escuela fui a la cárcel y a un presidio, y a un destierro y a otro- aquí vivo muerto de vergüenza porque no peleo. Seré cronista ya que no puedo ser soldado (Martí, 1991b, p. 263).

La valoración sobre los desaciertos del primer intento por dar instituciones democráticas a Cuba, resulta de especial interés en la futura proyección martiana de la política, la guerra y la república:

Aquella década magnífica, llena de épicos arranques y necesarios extravíos, renace con sus héroes, con sus hombres desnudos, con sus astutos campesinos…ya las armas están probadas, y lo inútil se deshecha, y lo aprovechable se utiliza. Ya no se perderá el tiempo en ensayar, se empleará en vencer… (Martí, 1991c, p. 184).

Con Lectura en el Steck Hall, Martí comenzará a cimentar la importancia del pasado histórico para el futuro de Cuba como nación independiente y democrática. Este hilo conductor se reitera en sucesivos discursos ante las emigraciones, en documentos del PRC y en el periódico Patria. Durante la preparación política y moral para la Guerra Necesaria (o guerra de 1895) no era suficiente el argumento de la tradición. Resultaba insoslayable potenciar la capacidad del pueblo como agente social para la fragua de la comunidad de intereses y la unidad de fines.

Desde 1892, en carta enviada a Máximo Gómez (Martí, 1991d) expresaría la necesidad de un instrumento político para el logro de la unidad de acción, basada en la conjunción de objetivos y móviles sociales que permitiera darle un carácter verdadero y durable a la nueva sociedad cubana: ¨… solo aspiro a que formado un cuerpo visible y apretado aparezcan unidos por un mismo deseo grave y juicioso de dar a Cuba libertad verdadera y durable…¨ (p. 169). Para ello se vale de la propaganda oportuna e infatigable y mediante un trabajo apostólico va logrando lo que parecía más difícil: la integración de todas las fuerzas patrióticas, proceso que catalogaba como agonía de la edificación (Martí, 1991e).

En esa labor unitaria esclarece que no se rebelaba el cubano contra el español padre sino contra el opresor. Hay por tanto un reconocimiento de la raíz hispana de la cultura cubana, la cuál no sería negada en la nueva república sino que tendría en ella su lugar el español honrado: ¨…jamás echaremos de nuestro lado, antes llamaremos con la voz honrada y los brazos de par en par abiertos, al hijo de España que nos ayude a reedificar el pueblo que sus compatriotas destruyen…¨ (Martí,1991f, p. 231).

El papel y lugar de los afrodescendientes en la sociedad cubana (su incorporación real o exclusión) eran puntos esenciales del debate ideopolítico de la época. De alguna manera, el tema se entretejía con la confrontación que se suscitaba en medios académicos y políticos de Europa y América acerca del posicionamiento de las ¨razas¨ en las naciones. El año 1882 parece haber sido uno de los momentos de mayor intensidad y polémica. Como tendencia se apreciaban dos posiciones: la que consideraba la necesidad de la pureza y homogeneidad racial de las naciones y la que desestimaba la consideración etnográfica en la constitución de las naciones modernas, dando por necesaria y legítima la mezcla ¨racial¨ y cultural.

El 11 de marzo de 1882 el filósofo francés Ernest Renán pronunciaría un discurso- en la universidad de La Sorbona- cuyo tema central sería el término nación y su vínculo con el componente racial (Renán, 1947). La importancia que le atribuye el Apóstol para el análisis de la problemática cubana, se evidencia en sus comentarios publicados en una crónica periodística:

No es la historia humana- decía Renán- un capítulo de Zoología. El hombre es un ser racional y moral. La libre voluntad está por encima de las sugestiones ruines del espíritu de raza…- ¡Oh! Ya alborean los tiempos en que no se erguirán, ni como amenazas ni como barreras las nacionalidades, y en que los hombres todos de la tierra, dados a amarse, sentirán en el pecho robusto la fruición beneficiosa, y el ennoblecimiento maravilloso, que vienen del viril amor humano… (Martí, 1991g, p. 449-450)

Dentro de la isla, los círculos conservadores se harían eco del mencionado discurso. La idea de que Cuba se consolidara como nacionalidad era sugerida por el Autonomismo a través del periódico autonomista El Triunfo. Siguiendo la autoridad de Renán, entendían la nación como factor cultural y político. En ese orden de cosas, la conformación futura de la Isla debía partir de la fusión de sus distintos componentes bajo la conducción de los sectores más ¨aptos¨, como exclusivos herederos del legado político y cultural del país. Portadores de una concepción de la educación de corte positivista, los autonomistas buscaban preparar a las ¨razas inferiores¨ para la moderna sociedad cubana, cuyo paradigma descansaba en Europa. Ideología racista que buscaba blanquear a Cuba a través de la inmigración europea y la prohibición de la entrada al país de ¨culturas atrasadas¨ cómo las asiáticas o las africanas.

La anterior visión política se entrecruza con las ideas del sociólogo norteamericano Guerrit Lausing, aparecidas en ese mismo mes de abril de 1882 en la revista neoyorquina The Popular Science Monthlyy y reproducidas por el órgano autonomista, por considerarlo¨… un notable estudio sociológico sobre la inmigración china, en que encontramos expuestas y desarrolladas con extraordinaria lucidez y sólida erudición las mismas ideas que El Triunfo ha sentenciado siempre en este grave asunto y que consisten fundamentalmente en catalogar la necesidad de la homogeneidad racial y cultural…¨ (El Triunfo, 1882).  

Se puede afirmar que el discurso autonomista era contradictorio y exclusivista al desechar el protagonismo popular. Respondía a la naciente burguesía criolla, quién se consideraba la conciencia crítica del proceso nacional. No obstante, la agudeza política de esta le haría reconocer a los afrodescendientes como parte de la realidad cubana y para contrarrestar ese ¨accidente¨ propondrían el blanqueamiento cultural. 

En Martí, la modernización dimana de una concepción política radical y progresista, basada en el reconocimiento de la existencia de una cultura mestiza donde todos los factores etno-sociales debían ejercer el co-protagonismo. Por ello señala que uno de los problemas medulares a resolver en Cuba era el acomodo de las razas. Los textos martianos que lo abordan son numerosos y buena parte de ellos aparecen en la etapa de preparación de la nueva guerra, con el objetivo de eliminar tales prejuicios.

Según el criterio de Poey (1994) será en Mi Raza (Martí, 1991h) donde se sintetizan los temas abordados por Martí en trabajos anteriores, considerándose el más completo de sus textos dedicados a las relaciones interraciales.

El proyecto martiano sobre la patria- nación- contiene la solución revolucionaria al problema etnocultural cubano y descansa en los siguientes argumentos: (a) Los derechos del hombre no dimanan de su pertenencia a una u otra ¨raza¨. (b) La palabra de hombre encierra de por sí todos los derechos. (c) No hay superioridad de ¨razas¨. (d) La insistencia en Cuba en las diferencias ¨raciales¨ dificulta la realización pública y la individual en un pueblo inmerso en un proceso de acercamiento y búsqueda de una vida común. (e) La categoría de hombre es superior a la de blanco, negro y mulato. (f) La categoría de cubano (hombre de Cuba) es superior a la de blanco, negro y mulato.

En el enfrentamiento al consabido temor racial, el Apóstol usa un duro calificativo: ¡Mienten!, los que no reconocen en la ¨raza negra¨ las cualidades inherentes a la especie humana: la generosidad, la virtud y la capacidad de desbordar las barreras de los hábitos y las costumbres inculcados por aquellos que él llama manejadores de hombres (Martí, 1991i).

Martí elabora en el contexto económico y social cubano de fines del siglo XIX, una concepción autóctona y radical acerca de los derechos de los seres humanos, rechazando todos los tipos de racismo. Considera como la vía más acertada la proclamación de la identidad espiritual de todas ellas, por encima de los valores que supuestamente pudieran brindar superioridad. Aunque utiliza el término de raza porque era común en su época, vacía de contenido el concepto a partir de la explicación que brinda de la no existencia de diferencias entre los seres humanos debido al origen étnico. Tal como hemos explicado, eso resultaba muy revolucionario en los debates que acontecían en ese momento.

Tampoco era partidario del trato paternalista o de caridad que en muchos casos pretendía aliviar el estatus de inferioridad. Cuba no debía entrar a la modernidad con un país estancado y dividido por criterios raciales. El acceso masivo a la educación y la cultura ejercidos desde un espíritu democrático y justo, debían contribuir a la plenitud de la condición humana. Por ello declara como principio de la futura política republicana:  En Cuba no habrá nunca guerra de razas. La República no se puede volver atrás (Martí, 1991h).

En el plano ético refrenda la aspiración de que los hombres verdaderos (sin importar el color de su piel) debían tratarse con lealtad y ternura por el orgullo de la tierra común donde nacieron. El proceso de mestizaje y cristalización de los elementos vivos de la patria más que un proceso espontáneo, debía erigirse en una opción natural, pero a la vez voluntaria e indetenible; caracterizada por su complejidad y condicionada por factores socioeconómicos, psicológicos e históricos.

La estrategia política martiana parte de la conjunción de todos los sectores afectados por el colonialismo español, dónde las contradicciones clasistas o de otro tipo ocupaban un lugar secundario. La idea del equilibrio social contaba para entonces con un primer ensayo: el proceso de la vida en las emigraciones, en el compromiso de la mayoría de sus miembros con la independencia, en la capacidad de anteponer el interés nacional por encima de los intereses sectoriales o clasistas. La comunidad de intereses, factor esencial para las urgencias de la Cuba del momento, tomaba cuerpo en el Partido Revolucionario Cubano (PRC).

Martí no desestima la existencia de fuerzas sociales opuestas al equilibrio social que emanaban de los conflictos entre patrones y obreros de la emigración cubana (solo que hurgar en ellas y potenciarlas ponía en peligro la unidad para el logro de la independencia). La complejidad del cambio político exigía que: ¨…hay que deponer mucho, que atar mucho…que echar pie en tierra con la patria revuelta alzando por el cuello a los pecadores…¨ (Martí, 1991j, p. 140). Mas no resultaba imposible ¨… fundar en el ejercicio franco y cordial de las capacidades legítimas del hombre, un pueblo nuevo y de sincera democracia capaz de vencer…los peligros de la libertad repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud…¨ (Martí, 1978, p. 3).

El discurso Con todos y para el bien de todos (Martí, 1991e) pronunciado en un momento crucial del movimiento revolucionario, resulta abarcador y a la vez excluyente para aquellos que no lograran superar en breve tiempo el miedo a las tribulaciones de la guerra, al afrodescendiente, al español honrado; así como para los que simpatizaban con la nieve extranjera (anexionistas). El abrazo era para los que sabían amar a Cuba. Existe en el discurso un constante definir de lo nuestro: nuestras cabezas, nuestro país, nuestro entusiasmo, nuestra fe y esperanza; así como la pasión por la equidad, el derecho, el hábito de trabajo y la fuerza de idea y acción.

El pueblo cubano calificado por el autor como pueblo mixto, sustancia misma de la obra política, era más avanzado por su composición heterogénea y peculiar formación, que la nación española lastrada por rezagos feudales. Su conformación a partir de disímiles individualidades lo hacían ser una masa de esperanzas y dolores, donde el latir humano no cesaba nunca:

Existen entre nosotros todos los defectos y las emulaciones todas que pudieran comprometer las más enérgicas virtudes y las conquistas más grandiosas… No por ser cubano se liberta el hombre de las flaquezas de la humanidad, ni por ser cubano las agrava. (Martí, 1991k, p.255).

El patriotismo como actitud voluntaria, que sitúa el interés individual al servicio del interés público, era parte consustancial de la concepción moderna del Estado (aportada por la Ilustración y el pensamiento político y filosófico de la primera mitad del siglo XIX europeo). La raigal cubana que abrió el camino a la conciencia nacional desde un paradigma emancipador (que injertaba el mundo a partir de las necesidades de su propia cultura) inaugura una lectura más abierta al interpretar el patriotismo como interés general en la prosperidad del país y de todos sus hijos. Para Martí, el patriotismo es una virtud esencial a partir de la cual todas las virtudes son posibles. Encarna responsabilidades como el servicio sencillo y natural que no espera ninguna gratificación material y que se basa en el ejercicio franco y libre de la opinión

El texto de Ramón Elices Montes (1885) El patriotismo español. Apuntes para un libro. Recordando las glorias patrias, como indica su título, sistematizaba la visión española acerca del término:  ¨… a la elocuente voz del patriotismo no hay un corazón español que no lata de alegría, de emoción o de sentimiento…no hay un pecho español que deje de contestar, ora de la inmolación de las más puras afecciones…¨ (p. 232). Resulta evidente la coincidencia de términos entre el dirigente independentista cubano y el intelectual español. Sin embargo, la significación para dos identidades políticamente excluyentes determina que, para el cubano el ejercicio del deber patriótico conllevaba la quebradura de la integridad nacional española, por la que el ciudadano español estaría dispuesto a dar la vida.

Acerca de la patria cubana, en las bases del PRC se expresa el objetivo de: …¨ fundar en Cuba por una guerra de espíritu y métodos republicanos, una nación capaz de asegurar la dicha durable de sus hijos y de cumplir, en la vida histórica del continente, los deberes difíciles que su situación geográfica le señala…¨ (Martí, 1991l, p. 280). En otros documentos del mencionado partido, es definida como un edificio complicado y riesgoso, cuyo primer acto fue la guerra de 1868. Mientras que, en el Manifiesto de Montecristi o programa de la revolución, el análisis gira en torno a la nación cubana (Martí, 1991m).

En resumen, se puede afirmar que durante las décadas del 70 y el 80 del siglo XIX los términos rectores de la prédica martiana serán la patria y el patriotismo. Es significativo que entre 1892 y 1895 en los documentos del PRC y en los artículos de prensa; aparezca con frecuencia- junto al empleo del término patria, el de nación. Por otro lado, es casi inexistente en su prédica la palabra nacionalismo.  Sin desconocer la racionalidad contenida en la concepción de la patria, el Héroe Nacional de Cuba la configura como expresión de la psicología cotidiana, como sistema de valores y aspiraciones de los sectores populares. Mientras que la nación cubana refrendaría a la patria mediante sus instituciones republicanas.

Nuestra América: los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse

La dimensión de la patria, expresada en las cualidades del cubano de la Isla y del emigrado como compromiso juicioso con la independencia nacional, incluyen el vínculo continental y universal en la solución del problema cubano. En sus escritos se manifiesta un entretejido maravilloso entre estos tres escenarios en los cuales se despliega.

La peregrinación martiana por diferentes países del continente latinoamericano lo pondrían en contacto con realidades para él desconocidas. Ya desde El Presidio Político en Cuba aparece la primera referencia sobre América Latina donde recrea con sentido literario los brutales métodos de la colonización y el proceso independentista (Medina, 2023).

Será durante su estancia en México (1875-1877) donde se produce el primer encuentro con la realidad continental. Allí aprecia como la mayoritaria población indígena se encontraba excluida de la vida nacional, de lo cual señalaría que de aquella absorción cruenta algo quedaría de la vencida ¨raza¨:  el espíritu que resiste siempre al acero, al hierro y al fuego (Martí, 1991n). Aprovecha la oportunidad para conocer los centros de la cultura Maya de Yucatán, aficionándose a la arqueología.  A partir de su estancia mexicana se sentiría apasionado por las culturas originarias del continente, pasión recogida en diversos escritos.

El cubano conoce la historia de la nación azteca, palpa los trastornos y dolores de su realidad y tiene el privilegio de ser testigo de la política liberal, así como de los conflictos fronterizos con los Estados Unidos de América (EUA), todo lo cual refleja en su intensa labor intelectual y periodística.  En la Revista Universal utiliza por primera vez en su obra, el término Nuestra América. Tras el golpe porfirista al ser objeto de censura, declara una máxima de su vida: la conciencia es la ciudadanía del universo (Martí, 2016).

Las experiencias en Guatemala (1877)  constituyen un momento medular para su comprensión adelantada de lo que se conocería después como identidad latinoamericana, así expresaría:

Interrumpida por la conquista la obra natural y majestuosa de la civilización americana, se creó con el advenimiento de los europeos un pueblo extraño, no español, porque la savia nueva rechaza el cuerpo viejo; no indígena, porque ha sufrido la injerencia de una civilización devastadora, dos palabras, que siendo un antagonismo constituyen un proceso; se creó un pueblo mestizo en la forma que, con la reconquista de la libertad desenvuelve y restaura su alma propia. Es una verdad extraordinaria: el gran espíritu universal tiene una faz particular en cada continente (Martí, 1991o, p. 99).

En la idea anterior, llaman la atención dos elementos que serán piedra angular en los estudios identitarios del siglo XX: concebir la existencia de procesos de aculturación/ transculturación que en su devenir gestarían -a manera de bucle- pueblos nuevos, portadores – en resistencia- de los elementos culturales originarios, mezclados con otros de las culturas europeas dominantes.

En su escala venezolana (1881) tendrá la oportunidad de adquirir experiencias que nutran su articulación del tema cubano con el continental. Pretende vertebrar a través de la creación de la Revista Venezolana a todos aquellos dispuestos a unir esfuerzos para erigir una América nueva y sólida. La revista tenía entre sus principales objetivos: contar las glorias de nuestros pueblos, celebrar el mérito de sus hombres más ilustres, desempolvar la historia, convertirse en un proyecto de estudio y asimilación de lo nuestro, frente a la europeización sufrida por Venezuela en la época de Guzmán Blanco. Solo se lograron publicar dos números.

En México había planteado que rotos los lazos coloniales faltaban las formas de expresión propias. En Venezuela, precisaría que este proceso de liberación sería por la vía patriótica. Aparece así por primera vez en sus escritos el lugar de la independencia de Cuba en el concierto latinoamericano; visto como una comunidad de destinos donde la solución inconclusa de América tocaría a las puertas de los problemas cubanos, de cuya solución dependería la continental.

La estancia del joven revolucionario en los EUA durante 15 años (hasta 1895)- especialmente en la cosmopolita ciudad de Nueva York- le acercarán sobremanera a una sociedad que vivía el esplendor del inusitado auge industrial. La meca del capitalismo de la época comenzaba a revelarse, a los ojos de su crítica juiciosa, con toda su naturaleza inhumana y alienante para adquirir formas definidas en sus crónicas americanas. A su vez es capaz de reconocer lo positivo de ese país. No solo escribe el cubano sobre la política estadounidense, también realiza numerosas crónicas donde exaltaba las costumbres populares, a los escritores y filósofos estadounidenses. También reportaba para diversos periódicos de la época, los avances científicos y tecnológicos sorprendentes para la época

En el año 1889 demuestra en sus escritos que la primera conferencia panamericana convocada por EUA no constituía una casualidad, sino la articulación de una tradición rapaz que le venía desde sus orígenes como nación. Educados en la ideología de que su posición privilegiada en el continente americano le venía dada como destino.  Sin embargo, la simpatía por las naciones libres -apuntaría Martí- dura hasta que hacen traición a la libertad o ponen en riesgo la de Nuestra América (Martí, 1991. p).

Desde mediados del siglo XIX se venía produciendo en América Latina un replanteo conceptual acerca de la pervivencia de la colonia en las repúblicas. Los más destacados representantes del liberalismo latinoamericano expresaban que la independencia solo sería verdadera cuando estuviera acompañada de la soberanía política y espiritual. No obstante, estos planteamientos se sustentaban en la convicción de que al ser Hispanoamérica parte natural de Europa debía incorporarse a su proceso de modernización, así como, al vertiginoso despegue económico de EUA.

La superación de esas concepciones aparece en la sistematización de las ideas martianas acerca de la patria latinoamericana, sintetizadas en su ensayo Nuestra América (Martí, 1991q) donde la noción de patria latinoamericana se enuncia en la comunidad de intereses y la unidad de tradiciones, aspiración que no había tenido lugar en la consustancialidad de los seres humanos de esta parte del mundo. El hombre y su universo alienado tomarán cuerpo en las siguientes figuraciones de la vida:

  1.   El aldeano vanidoso. Descrito como el falso patriota. Carente de utilidad pública. Enfermo de ambiciones políticas y financieras. Sustentador de los modos de autorreconocimiento ficticios. (b) Los sietemesinos. Especie de colonizados culturales que no tienen fe en su tierra y se la niegan a los demás. Los que sienten vergüenza de su origen humilde y pretenden negar la cimiente de los pueblos originarios. (c) Los soberbios. Para quiénes la tierra fue hecha para servirles de pedestal y no de ara. Especie de verbosos que aspiran a trasplantar formas de gobierno ajenas a nuestras realidades y rigen el país con leyes importadas. (d) Los pedantes vencidos, los letrados artificiales y los pensadores canijos o de lámparas junto al criollo exótico; cierran el cuadro de los sujetos sociales portadores de los factores disgregantes de la patria nuestroamericana. Incapaces de percibir el peligro derivado de las pretensiones geopolíticas de la otra América.

La visión martiana de la modernidad atrofiada de América Latina se rehacía con la percepción de sectores sociales excluidos, a los cuales llama de manera metafórica: el indio mudo, el negro oteado, el campesino creador. Para él la salvación descansaba en el protagonismo de esos sectores excluidos al desdoblarse en: (a) El hombre natural. No es el ser humano en su estado de naturaleza sino aquel que luego de reconocer sus necesidades auténticas asume y valora -de manera positiva- la heterogeneidad de sus orígenes culturales. Con independencia del color de su piel, es portador de un sentido de pertenencia a su mundo y a su tiempo. (b) Los políticos nacionales. Aquellos que han aprendido a gobernar conociendo los elementos con los cuales está hecho su país., auxiliados por métodos e instituciones nacidos de esas necesidades. (c) El mestizo autóctono. Se ha reencontrado con la magnitud y riqueza de sus identidades y otredades para derribar la injusticia acumulada de los libros. Representa el deber ser de los proyectos modernizadores nacionales. 

Las mencionadas categorías debían encarnar en los estadistas, trabajadores, economistas, oradores, dramaturgos; en fin: en los nuevos habitantes de Latinoamérica. También hace una mención especial a los pueblos originarios, con la necesidad de preservar sus culturas y tradiciones como sabia protagónica de la nueva Latinoamérica. Los mismos se integrarían de manera natural a la verdadera emancipación.

La autoctonía y universalidad son desplegadas por el autor en todas las esferas de la vida latinoamericana: en las formas de gobierno, en la política, cultura y educación. Nuestra América tiene un contenido definido: del Río Bravo a la Patagonia. Los límites geográficos en este caso permiten nombrar una realidad cultural y política. La otra: la que no es nuestra, era el resultado de intereses geoestratégicos de las élites estadounidenses.

A las reflexiones martianas de la continentalidad americana, le habían precedido los proyectos de Bolívar y San Martín, surgidos al calor de las contiendas emancipatorias de la primera mitad del siglo XIX. Inspirados en el enciclopedismo y con una base popular no habían logrado concretarse, en una realidad balcanizada por los lastres pre nacionales de la época colonial (incompatibles con el sueño de lograr una estructura institucional y política única). Para el escribidor de Nuestra América, se trataba de unir el alma continental en la concertación política, lazos culturales y comunión económica. Una especie de internacionalismo continental que conllevara al respeto de cada patria hermana.

El escrito martiano Nuestra América, además de constituir un programa político para la segunda independencia de América, constituye una de las piezas literarias más bellas que se hayan escrito de este lado del mundo, por su exquisito lenguaje y colorido, así como por la utilización de símbolos y metáforas.

Patria es humanidad

El pensamiento moderno sustenta las nuevas realidades de la economía capitalista a través del humanismo universal o cosmopolitismo, que en las lenguas latinas se desarrolla a partir del Renacimiento. En un primer momento el término cosmopolita (ciudadano del universo) no es percibido como antónimo de patriota. Esta vertiente progresista se puede encontrar en el pensador francés del siglo XVI Guillaume Postel, así como en la filosofía política de Montesquieu y Rousseau (Aramayo et.al., 1996).

Posteriormente se daría al cosmopolitismo un sentido cómodo y pragmático (Cattafi, 2014). La patria, no como el lugar donde se ha nacido, sino como el lugar donde se está bien; idea que se iría generalizando en el siglo XIX. Por otro lado, el pensamiento europeo- como tendencia- solo veía los derechos humanos en el viejo continente, sin tener en cuenta las realidades coloniales. Un humanista como Ernest Renán opinaba que la regeneración de las razas inferiores (habitantes de los países colonizados) debía ser asumido por las razas superiores (metrópolis europeas) con el objetivo de darle un orden providencial a la humanidad.

Según el criterio de Salomón (1986) fue el significado generoso y altruista del término cosmopolitismo el que pasa a la ilustración española e hispanoamericana. En Cuba asume una connotación mediada por la búsqueda de una patria independiente de España. Así lo sentía José de la Luz y Caballero, cuando expresaba: ¨…el filósofo como que es tolerante será cosmopolita; pero ante todo debe ser patriota…¨ (de la Luz, 1981, p.72), ¨¿Qué se necesita más para el país, para la humanidad? ¿A veces no se llenará mejor el interés de esta empezando por llenar el de la patria, sin que en ello reine egoísmo, antes amor universal?¨ (de La Luz, 1981, p.108).

La síntesis de la idea martiana sobre la patria se concretaría en tres proyectos que confluyen: la independencia de Cuba y las Antillas, la segunda independencia de América y el equilibrio del mundo. Este último se dirime en la solución al problema cubano, en él patria y humanidad toman cuerpo, así el patriota cubano afirmaría: ¨…los cubanos reconocen el deber urgente que les imponen para con el mundo su posición geográfica y la hora presente de la gestación universal…Nada piden los cubanos al mundo, sino el conocimiento y respeto de sus sacrificios, y dan al universo su sangre…¨ (Martí, 1991r, p. 153).

La época moderna se encontraba abocada a una nueva etapa y Martí aprecia el encontronazo de las potencias europeas y los EUA por el control del hemisferio occidental. Según su criterio, lograr las múltiples influencias sin el predominio de ninguno de los factores en conflicto constituía un servicio ineludible. La doctrina de Martí -según Lamore (1990)- se inscribe dentro de la coexistencia de los orgullos nacionales y las utopías cosmopolitas.

En el criterio de la autora del presente artículo, Martí logra explicar el naciente antagonismo que entrado el siglo XX se volvería abismal:

Cada cual se ha de poner en la obra del mundo, a lo que tiene más cerca, no porque lo suyo sea, por ser suyo superior a lo ajeno…sino porque el influjo del hombre se ejerce mejor y más naturalmente en aquello que conoce…y ese repartimiento de la obra humana, y no más, es el verdadero e inexpugnable concepto de patria… patria es humanidad, es aquella porción de la humanidad que vemos más cerca, y en qué nos tocó nacer…  (Martí, 1991s, p.468).

En plena madurez y en viaje hacia Cuba, Martí expresaría la idea de que en su época no era común la real comprensión de la relación entre lo nacional y lo universal: ¨… Escasos como los montes, son los hombres que saben mirar desde ellos, y sienten con entrañas de nación, o de humanidad…¨ (Martí, 1991t, p. 111)

Después de años de intensa labor política, alejado del contacto físico con su patria, su llegada a Cuba (abril, 1895) como líder máximo y combatiente de la nueva epopeya independentista, le produce el descubrimiento de la naturaleza que solo conocía mediante las poesías de José María Heredia y los poetas de la guerra. En su Diario de Campaña se respira el deslumbramiento y el goce del soldado que protagoniza la vida guerrillera, confundiéndose con el monte, la flora y la fauna; que son recreadas con un alto sentido de cubanidad. Como quien siente que la labor humana se ejerce mejor y más naturalmente en aquello que conoce: 

El sol brilla sobre la lluvia fresca: las naranjas cuelgan de sus árboles ligeros: yerba alta cubre el suelo húmedo: delgados troncos blancos cortan, salteados, de la raíz al cielo azul, la selva verde, se trenza a los arbustos delicados el bejuco, a espiral de aros iguales, como de mano de hombre, caen a tierra de lo alto, meciéndose al aire, los cupeyes: de un curujey, prendido a un jobo, bebo el agua clara: chirrían, en pleno sol los grillos … (Martí, 1991u, p. 227).

Reflexiones finales

En la visión martiana de la patria concomitan dos niveles esenciales: la sensibilidad popular que magnifica lo heroico (el sentido de pertenencia a una comunidad) y la creación fecunda, reflexiva que discurre como aprehensión juiciosa o forma ideológica que sella un compromiso social. Estas ideas se van configurando en el transcurso de su experiencia de vida y estarían orientadas a cambiar el estatus dependiente de Cuba. No solo en lo político, también hay en él una obra de pedagogía social (que incluye lo cultural y lo educativo para el nacimiento de pueblos nuevos y de sincera democracia).

En su obra existen tres momentos fundamentales de síntesis y recomposición conceptual acerca de la Patria, los cuales se concretan en los siguientes trabajos: La República Española ante la Revolución Cubana (1873), Nuestra América (1891) y la Revista Literaria Dominicense (1895), pero que son fundamentados y ampliados en disímiles textos (cartas, crónicas, discursos, ensayos; entre otras formas literarias).

La obra martiana recompone la realidad existente basándose en la comprensión de los acontecimientos continentales y los imperativos de fines del siglo XIX, concibiendo la Patria como comunidad de objetivos y móviles sociales al conformarse con y para los oprimidos, por lo cual estaría indisolublemente ligada al término de pueblo.

La concepción universal de José Martí alcanza su máxima expresión humanista y solidaria al definir la Patria como Humanidad, todo lo opuesto al nacionalismo estrecho que declara la superioridad étnica y cultural de ciertos grupos o naciones sobre otros. Su idea no perseguía dividir a los cubanos del resto del mundo, sino que es portadora del ideal emancipatorio del ser humano, que para otros pensadores como Ernest Renán era solo válido para los habitantes del viejo continente.

El Apóstol de Cuba es representante de una vocación cosmopolita:  práctica y revolucionaria, alejada de las abstracciones innecesarias y los moldes ajenos porque se afinca en la autoctonía. A su vez subvierte el instrumental terminológico del pensamiento español y francés acerca de la patria, el patriotismo y la nación; a partir de una postura descolonizada que le imprime un contenido peculiar, portador de un profundo y progresista radicalismo que trasciende más allá de su época y llega a la actualidad.

En el ensayo Nuestra América, deja abierta la posibilidad de transformación, a través de actitudes creativas y creadoras de los hijos (as) de las tierras latinoamericanas, convencido de la naturaleza compleja de los cambios sociales.

Privacidad: No aplica.

Financiación: Este trabajo no ha recibido ningún tipo de financiamiento.

Declaración sobre uso de inteligencia artificial: Los autores del presente artículo declaramos que no hemos empleado Inteligencia Artificial en su elaboración.

Referencias

Aramayo, R., Muguerza, J. y Roldán, C. (1996). La paz y el ideal cosmopolita de la Ilustración. Editorial Tecnos SA.  https://www.academia.edu/6166931/La_paz_ y_el_ideal_cosmopolita_de_la_Ilustracion

Cattafi, C. (2014). Las acepciones del término cosmopolitismo: una aportación a la taxonomía de Kleingeld. Confines de Relaciones Internacionales y Ciencia Política, 10 (19), 9-33. https://confines.tec.mx/index.php/confines/article/ view/243/190

De la Luz, J. (1981). Selección de textos. La Habana: Ciencias Sociales, 72-108.

Elices, R. (1885). El patriotismo español. Apuntes para un libro. Recordando las glorias patrias. Madrid: Imprenta de la Viuda. (Consultado original, por la autora de este artículo, en mayo de 1998. Biblioteca de la antigua Sociedad Cubana de Amigos del País (Instituto de Literatura y Lingüística de Cuba).

El Triunfo, 9 de mayo de 1882. (Consultado original, por la autora de este artículo, en mayo de 1998. Biblioteca de la antigua Sociedad Cubana de Amigos del País (Instituto de Literatura y Lingüística de Cuba).

García, J. (1992). Metáforas de José Martí sobre la patria cubana. Revista Islas, 103 (septiembre-diciembre), pp.18-41.

Lamore, J. (1990). La idea de Patria en José Martí (1869- 1889). Anuario del Centro de Estudios Martianos, 13, p. 258.

Martí, J. (1978). Bases del Partido Revolucionario Cubano. En El Partido Revolucionario y la Guerra. Ciencias Sociales.

Martí, J. (1983). Abdala. En Obras completas: Edición Crítica, Tomo I, (pp.25-39).  Centro de Estudios Martianos

Martí, J. (1991a). La República Española ante la Revolución Cubana. En Obras completas:  Tomo 1, (pp. 89-98). Ciencias Sociales.

Martí, J. (1991b). Carta al General Máximo Gómez Báez, 1878. En Obras completas:  Tomo 20, (p. 263). Ciencias Sociales.

Martí, J. (1991c). Lectura en Steck Hall, 24 de enero de 1880. En Obras completas:  Tomo 4, (pp.183-214). Ciencias Sociales.

Martí, J. (1991d). Carta al General Máximo Gómez Báez, 20 de julio de 1892. En Obras completas:  Tomo 1, (p. 69). La Habana:  Ciencias Sociales.

Martí, J. (1991e). Discurso en el Liceo Cubano, Tampa, 26 de noviembre de 1891. En Obras completas:  Tomo 4, (p. 269). Ciencias Sociales.

Martí, J. (1991f). Discurso en conmemoración del 10 de octubre de 1868, en Masonic Temple, Nueva York, 10 de octubre de 1888. En Obras completas:  Tomo 4, (p. 231). Ciencias Sociales.

Martí, J. (1991g). Meses Alegres, La Opinión Nacional, 1 de abril de 1882. En Obras completas:  Tomo 14, (pp.449-450). Ciencias Sociales.

Martí, J. (1991h). Mi Raza, Patria, 16 de abril de 1893. En Obras completas:  Tomo 2, (pp. 299-300). Ciencias Sociales.

Martí, J. (1991i). Discurso en el Liceo Cubano, 26 de noviembre de 1891. En Obras completas:  Tomo 14, (pp.270-277). Ciencias Sociales.

Martí, J. (1991j). El tercer Año del Partido Revolucionario Cubano. En Obras completas:  Tomo 3, (p.140). Ciencias Sociales.

Martí, J. (1991k). Vengo a darte Patria Puerto Rico y Cuba. En Obras completas:  Tomo 2, (p.255). Ciencias Sociales.

Martí, J. (1991l). Bases del Partido Revolucionario Cubano. En Obras completas:  Tomo 1, (pp.279-281). Ciencias Sociales.

Martí, J. (1991m).  Manifiesto de Montecristi. En Obras completas:  Tomo 4, (pp.93-105). Ciencias Sociales.

Martí, J. (1991n).  Apuntes Varios. En Obras completas:  Tomo 19, (pp.437-447). Ciencias Sociales.

Martí, J. (1991o). Los códigos nuevos. En Obras completas:  Tomo 7, (p. 99). Ciencias Sociales.

Martí, J. (1991p). Congreso Internacional de Washington, La Nación de Buenos Aires, 19 de diciembre de 1889. En Obras completas:  Tomo 6, (pp.46-54). La Habana:  Ciencias Sociales.

Martí, J. (1991q). Nuestra América, El Partido Liberal, México, 30 enero de 1891. En Obras completas:  Tomo 6, (pp.15-23). Ciencias Sociales.

Martí, J. (1991r). Al New York Herald, 2 de mayo de 1895. En Obras completas:  Tomo 4, (p.). Ciencias Sociales.

Martí, J. (1991s). La Revista Literaria Dominicense, Patria, 26 de enero de 1895. En Obras completas:  Tomo 5, (p. 468). Ciencias Sociales.

Martí, J. (1991t). Carta a Federico Henríquez y Carvajal, 25 de marzo de 1895. En Obras completas:  Tomo 4, (p.111). Ciencias Sociales.

Martí, J. (1991u). Diario de Campaña. En Obras completas:  Tomo 19, (pp. 213-247). Ciencias Sociales.

Martí, J. (2016). Extranjero. En Obras completas., Tomo 1. Edición Crítica. Ciencias Sociales.

Medina, B. R. M. (2023). La obra de un pedagogo social: José Martí y el Presidio Político en Cuba. Paulo Freire. Revista de Pedagogía Crítica, 21 (29), 91-101. https://revistas.academia.cl/index.php/pfr/article/view/2480

Poey, D. (1994). Mi Raza un siglo después. Anuario del Centro de Estudios Martianos, 17, 81-93.

Renán, E. (1947). ¿Qué es una nación? Elevación.

Salomón, N. (1986). Cosmopolitismo e Internacionalismo (desde 1880 hasta 1940). En América en sus ideas. Unesco, 172-200.

 

 

 

Fecha de recepción del artículo: 2 de marzo de 2025

Fecha de aceptación del artículo: 27 de marzo de 2025

Fecha de aprobación para maquetación: 30 de marzo de 2026

Fecha de publicación:  30 de junio de 2026

 

 

 

 

 

 


Notas sobre la autora

 

[*] Rosa María Medina Borge es Doctora en Ciencias Pedagógicas, Universidad Pedagógica Enrique José Varona (La Habana,Cuba). Postdoctora en Ciencias Sociales, niñeces y juventudes, Universidad de Manizales (Manizales, Colombia), Magister en Historia Contemporánea y Relaciones Internacionales (Universidad de la Habana, Cuba), Especialista en Didáctica de las Ciencias Sociales (CLACSO Brasil). Investigadora independiente. Email: rosimedina2002@gmail.com.