Teacher identity in Tension: A
Hermeneutics of current educational
praxis in Colombia
Arnold Barreto
Rodríguez[*]
Institución Educativa Departamental Real del
Obispo-
Tenerife, Departamento Magdalena / Colombia
https://orcid.org/0009-0005-2802-2628
Resumen
Este artículo
analiza la tensión actual entre los roles real e ideal del docente en la
educación actual, a través de una perspectiva hermenéutica que integra
dimensiones ontológicas, éticas y pedagógicas. El método empleado fue el
hermenéutico apoyado en entrevistas semi-estructuradas,
observación participante reflexiva y análisis documental. Los sujetos fueron
docentes activos y formadores de docentes de instituciones públicas
colombianas. Los procesos analíticos se articularon en tres etapas precomprensión, interpretación y fusión de horizontes que
facilitaron la construcción de categorías emergentes relacionadas con la
identidad docente, la ética profesional y la praxis pedagógica. Los resultados
muestran que la identidad docente se construye en un espacio de constante
tensión frente a las demandas normativas y la conciencia ética personal; la
práctica pedagógica es el espacio donde ambas dimensiones se reconcilian. Se
concluye que la enseñanza contemporánea debe entenderse como una praxis
hermenéutica orientada a la humanización de la educación y al fortalecimiento
ético de la formación docente.
Palabras clave:
Hermenéutica, actitudes del docente, profesores, ética, prácticas educativas.
Abstract
This article analyzes the current
tension between the real and ideal roles of teachers in contemporary education,
through a hermeneutic perspective that integrates ontological, ethical, and
pedagogical dimensions. The method employed was hermeneutic, supported by
semi-structured interviews, reflective participant observation, and documentary
analysis. The subjects were active teachers and teacher trainers from Colombian
public institutions. The analytical processes were articulated in three stages
—pre-understanding, interpretation, and fusion of horizons— which facilitated
the construction of emerging categories related to teacher identity,
professional ethics, and pedagogical praxis. The results show that teacher
identity is constructed in a space of constant tension between normative
demands and personal ethical consciousness; pedagogical practice is the space
where both dimensions are reconciled. It is concluded that contemporary
teaching must be understood as a hermeneutic praxis oriented toward the humanization
of education and the ethical strengthening of teacher training.
Keywords: Hermeneutics, teacher
attitudes, teachers, ethics, educational practices.
Introducción
En las últimas décadas, los
cambios sociales, culturales, tecnológicos y políticos que afectan los sistemas
educativos contemporáneos han producido una transformación en la práctica de la
profesión docente. En este sentido, la práctica de la docencia ha de mantenerse
en una tensión entre el ser y el deber ser del educador, que refiere a la
distancia que hay en la profesión, en términos de la experiencia, la vocación y
la conciencia ética, y la asunción de las exigencias normativas,
administrativas y técnicas derivadas de las políticas educativas y de los
modelos de gestión escolar (Tenti, 2005). La
distancia que hay en las diferentes dimensiones que constituyen la profesión
docente no es un problema individual, en el mejor de los casos, es un problema
colectivo y estructural de la pedagogía, de la práctica docente y de la ética
de la educación.
En el ámbito
iberoamericano, numerosos estudios consideran que la identidad docente no es
una condición estática o un atributo que se adquiere de forma definitiva en la
formación inicial. En cambio, se presenta como un constructo dinámico,
histórico y relacional, que se conforma en la intersección del sujeto, el
contexto institucional y la práctica pedagógica, (García,
2022). Desde esta perspectiva, la identidad docente es un proceso que se
entiende como la interpretación, continua y a lo largo del ciclo vital, de una
serie de elementos autobiográficos, valores, saberes, demandas, intersubjetivos
e intrasubjetivos, y sociales. En este sentido, el
creciente énfasis normativo y prescriptivo del deber ser, se constituye como un
horizonte regulativo que impacta la práctica pedagógica. No obstante, y con
frecuencia, opera descontextualizada y alejada de las realidades del aula y de
la subjetividad del educador (García, 2024).
La brecha entre lo que es y
lo que debería ser ha sacado a la superficie algunas tensiones éticas
relevantes en la práctica docente, especialmente cuando las demandas
institucionales favorecen la rendición de cuentas, la estandarización
curricular y el control administrativo, en detrimento de procesos educativos
más formativos, reflexivos y humanos (De la Hoz
Cantillo, 2023; Flores et al., 2022). En este contexto, la enseñanza
corre el riesgo de ser reducida a una función puramente técnica e instrumental,
desprovista de sus dimensiones éticas, políticas y ontológicas. En este
sentido, y de acuerdo con Freire (2019), la
práctica pedagógica debe ser vista como un acto no neutral y situacional que
exige un posicionamiento ético y político respecto al mundo, al conocimiento y
al otro.
Desde esta óptica, la
identidad y la praxis del docente deben analizarse a partir una perspectiva que
trascienda los abordajes tecnicistas o positivistas. La hermenéutica
filosófica, así como en la tradición de Gadamer
(2018) y Ricoeur (2018), construye un
marco que, al definir la comprensión como un proceso situado, interpretativo y
medido en términos de lenguaje, historicidad y experiencia, resulta apropiado.
De esta forma, la práctica pedagógica es una práctica interpretativa posicional
en donde el docente resignifica su papel, responsabilidades y decisiones éticas
en y para el contexto educativo y social.
La responsabilidad de un
educador se centra en la ética cuando se considera que educar es relacionarse
con el otro. Para Levinas (2019) y la ética de la alteridad, el acto
educativo es un compromiso con el rostro del otro, un compromiso que llama a
una respuesta por parte del educador. Por lo tanto, es un acto que requiere de
él/ella cuidado, reconocimiento y compromiso. Tal comprensión encuentra eco en Morin (2020), cuando dice que la educación debe
orientarse hacia el desarrollo integral de la persona humana, de manera
compleja e inseparable, construyendo conocimiento, ética y afectividad. Por lo
tanto, es la práctica docente la que es el lugar de convergencia de la
identidad personal, la ética y la pedagogía.
Este artículo tiene como
objetivo analizar la tensión actual entre los roles real e ideal del docente en
la educación actual, a través de una perspectiva hermenéutica que integra
dimensiones ontológicas, éticas y pedagógicas. La intención es realizar una
investigación comprensiva de la otredad docente en tanto, de la experiencia
profesional de los educadores, y de la ética, la ontología y la pedagogía que
de dichas prácticas surgen.
El diseño de la
investigación se ha desarrollado bajo un enfoque hermenéutico cualitativo y se
ha utilizado entrevistas semiestructuradas, así como la observación reflexiva y
la participación y el análisis documental. La investigación se ha realizado en educación
pública en Colombia y ha incluido a educadores en ejercicio y formadores de
educadores. La analítica se ha dividido en tres fases que corresponden a la precompresión,
la interpretación y la fusión de los horizontes, en relación con el círculo
hermenéutico de Gadamer (2018). Razón por la cual, se ha facilitado la
emergencia de categorías interpretativas en la identidad docente, la ética
profesional y la praxis pedagógica.
Como resultado, el estudio
se propone el modelo denominado Triángulo Hermenéutico del Ser, el Deber Ser
y la Práctica Docente, que ofrece la posibilidad de comprender la docencia
como una praxis en la que se integran identidades, la ética y la acción
pedagógica de manera dialécticamente articulada. Este aporte a la reflexión en
torno a la formación y el ejercicio de la docencia busca precisamente
restablecer la perspectiva humanista y ética que debe acompañar la educación,
en la medida que se enfrenta a los retos que la educación actual conlleva.
Metodología
La investigación se llevó a
cabo desde un enfoque cualitativo de tipo hermenéutico, dirigido a la
comprensión de los significados éticos, ontológicos y pedagógicos que
configuran el ser y el deber ser del educador dentro del escenario educativo
contemporáneo. Este enfoque se basa en el supuesto de que la realidad educativa
no puede ser reducida a hechos observables y medibles de manera objetiva, sino
que debe ser entendida e interpretada a partir de las experiencias, narrativas
y comprensiones que los docentes han construido respecto a su práctica
profesional. En línea con la hermenéutica filosófica, la comprensión se tomó
como un proceso interpretativo situado, histórico y relacional en el cual
ocurre una fusión de horizontes entre el investigador y el fenómeno educativo (Gadamer, 2018).
El estudio se realizó con
docentes activos y formadores de docentes afiliados a instituciones públicas de
educación básica, secundaria y superior en Colombia. Los participantes fueron
seleccionados a través de muestreo intencional, priorizando criterios como
formación profesional, experiencia docente y disposición reflexiva respecto a
la práctica educativa, tal como propone Patton
(2015). Los participantes fueron vistos como sujetos hermenéuticos,
considerándolos como agentes que podían construir interpretaciones
significativas de su práctica docente, y apreciados desde su experiencia ética,
profesional y personal.
Las entrevistas y el
análisis documental se acompañan de observación participante reflexiva. La
tensión entre la identidad profesional de los y las docentes y las expectativas
institucionales se abordaron con las entrevistas. La praxis docente fue acompañada
y comprendida desde la observación participante reflexiva, en la propuesta
didáctica, en las decisiones de formación y en los dilemas éticos que se
presentan en el ejercicio cotidiano de la docencia. El análisis de documentos
se centra en las políticas educativas, los códigos de ética profesional, los
programas de formación docente y la literatura académica, para ubicar las
narrativas de los y las participantes dentro de contextos más amplios,
institucionales y normativos.
La precomprensión,
la interpretación y la fusión de horizontes son las etapas de la práctica de
procesamiento de la información, basada en el círculo hermenéutico de Gadamer (2018). En la precomprensión,
el investigador identifica las hipotéticas y las posiciones, en este caso, del
investigador, hacia el fenómeno que se estudia. Luego, en la fase
interpretativa se realizan lecturas analíticas y lecturas de diálogo en las
narrativas y documentos que permiten la construcción de sentido y el
descubrimiento de categorías relacionadas a la identidad del maestro, la ética
y la práctica docente.
A lo largo de la
investigación, el investigador ejecutó una práctica de reflexividad, al
sistematizar, en un diario, las percepciones, intuiciones y los dilemas éticos
que le surgen al interpretar la información. Esta práctica se considera un
ejercicio de la transparencia epistemológica, que reconoce el papel del
investigador al ejecutar la interpretación de los datos. En este sentido, el
investigador considera la objetividad de la investigación, no como una postura
neutral, sino como una práctica de auto documentación del papel reflexivo y de
monitor que el investigador tiene sobre las interpretaciones que realiza, así
como su perspectiva crítica.
Los aspectos éticos del
estudio se ajustaron a las regulaciones de la Asociación Americana de
Investigación Educativa (AERA, 2020) en
cuanto aseguraron el consentimiento informado, la protección de la identidad y
el derecho a la no participación de los docentes. Adicionalmente, la
investigación se centró en la ética del encuentro de Levinas (2019),
quien considera la vinculación con los participantes de la investigación como
una responsabilidad. Esta responsabilidad hace referencia al respeto y el
reconocimiento a la dignidad de la voz de los participantes como sujetos éticos
y reflexivos.
Resultados y discusión
El análisis hermenéutico de
las narrativas docentes y de los documentos institucionales permitió comprender
el ser y el devenir del educador en el marco de su inserción en realidades
educativas concretas. A partir del proceso de interpretación —desarrollado en
las fases de precompresión, interpretación y fusión de horizontes— emergieron
tres categorías interpretativas que estructuran el núcleo del pensamiento
docente en el contexto actual: (a) la autocomprensión ontológica del docente;
(b) la tensión ética entre el llamado vocacional y la regulación institucional;
y (c) la praxis pedagógica como espacio de mediación y reconciliación. Estas
categorías se articularon en un modelo interpretativo propuesto en este
estudio, denominado Triángulo hermenéutico del ser, el deber ser y la praxis
docente.
Figura 1
El triángulo hermenéutico
del ser, el deber ser y la praxis docente
Nota:
Elaboración propia (2026).
Categoría: El ser docente (identidad,
vocación y autocomprensión)
En la figura 1 se observa
el Triángulo Hermenéutico del Ser, el Deber Ser y la Práctica Docente,
como un modelo interpretativo que sintetiza las tensiones constitutivas de la
identidad profesional docente en el contexto actual. Este modelo se elabora a
partir del análisis hermenéutico de las narraciones de las docentes y, por
ello, se explica que la identidad no se conforma como una categoría estática, o
como un resultado, sino que se configura como un proceso dinámico de mediación
en donde la dimensión ontológica del ser docente, las exigencias normativas del
deber ser, y la práctica educativa se superponen y actualizan.
El vértice del ser docente
refiere a la dimensión ontológica y vocacional del ejercicio profesional, que
está asociada a la autocomprensión, a las convicciones éticas, a la
responsabilidad y al sentido que la docente atribuye a su labor. Esta
dimensión, así como lo señala Ricoeur (2006) que
habla de una identidad narrativa, se va construyendo y reconfigurando a lo
largo de la trayectoria profesional, en el diálogo con las narraciones y las
vivencias. De esta manera, el ser docente no es desempeñar un rol funcional,
sino que, además, es una manera de estar en el mundo educativo.
En el otro vértice del
triángulo está el deber de enseñar, que abarca todas las guías de instrucción,
las políticas de enseñanza, los marcos curriculares y las expectativas
institucionales que establecen parámetros para la práctica profesional de los
docentes. Esta dimensión intenta proporcionar, al menos, algún nivel de
racionalidad que, sin embargo, es hostil a la autonomía educativa y a la
singularidad de los contextos escolares. Como señala Hargreaves
(2003), la carga de trabajo cada vez mayor de los docentes y la
estandarización de la enseñanza conducen a lo que se conoce como
simplificación. Esto es especialmente cierto cuando el ‘deber’ se impone de
manera acrítica sin tener en cuenta la experiencia y el juicio profesional del
docente.
La práctica docente,
posicionada en el tercer vértice, es ese espacio donde 'ser' y 'hacer' se
localizan, confrontan y resignifican en relación entre sí. Desde la perspectiva
de la hermenéutica filosófica, la práctica es más que una ejecución mecánica. Es
una acción interpretativa que requiere un cierto trabajo intelectual, y es una
acción que conlleva una responsabilidad y toma de decisiones éticas en
situaciones particulares (Gadamer, 2018). Es
en la práctica donde el docente equilibra las necesidades regulativas y las
reales de los estudiantes, y es aquí donde emergen las acciones pedagógicas de
manera situada, que no necesariamente se conforman a los edictos
institucionales.
Se debe aclarar que, dentro
de este modelo, la configuración triangular no significa que cada dimensión
funcione de manera aislada. En cambio, la tensión que describe cada dimensión
es fundamental en la construcción de la identidad educativa y refuerza el
conflicto del ‘es’ y ‘debe ser’ como una condición estructural de la profesión
docente. Desde la perspectiva de la ética de la alteridad, esta tensión se
agrava en la relación con el otro el estudiante cuya propia presencia convoca
al docente a responder, más allá de la norma, de manera responsable y
contextualizada (Levinas, 2019).
La Figura 1 no pretende
ofrecer un marco explicativo cerrado, sino una distribución interpretativa que
permite entrever algunas de las facetas complejas que configuran la identidad
docente en el contexto contemporáneo. En este sentido, la práctica educativa se
percibe como un espacio de mediación ética y pedagógica en el que la identidad
profesional se construye y negocia de manera permanente, en la interrelación
dinámica entre la autocomprensión del docente, las exigencias normativas y el
ejercicio situado de la educación.
Categoría: Las
responsabilidades éticas de los docentes como un asunto de rutina
En una
segunda categoría, se dio la tensión en las políticas educativas de 'lo que
debería ser' y 'lo que es' como una especie de auto compromiso ético. Los
docentes argumentaron que las políticas de las instituciones tienden a
enfocarse en la centralidad de la imposición de criterios rigurosos sobre la
funcionalidad de la enseñanza, de su evaluación, y de la productividad de la
enseñanza, lo que a su vez despoja la dimensión humana de la enseñanza y el
aprendizaje. En esta misma línea Flores et al.
(2022) documentan que la mayoría de los educadores considera que la
ética profesional es uno de los ámbitos más contradictorios entre la idealidad
y la práctica, donde la normativa y la realidad se entrelazan, y en donde se
entrecruzan las demandas morales administrativas y los valores éticos
unidimensionales administrativos. De Hoz (2023) asegura
que algunos participantes expresaron la existencia de un 'deber' que se definía
horizontalmente, y se utilizaba, por analogía, a los ejes cardinales. 'La ética
no se enseña, se vive' es una frase que muchos usaron y puede llevar a la
visión de Freire (2019) de la educación como
un acto profundamente moral. Desde Hoz (2023) porque
la praxis ética de la enseñanza debe situarse, en este caso, en el contexto
social y cultural del acto educativo. De manera complementaria, Baca et al. (2023) y sus reflexiones sobre la
nueva ética de enseñanza digital y la responsabilidad social de la información,
la privacidad, la autoría y la propiedad digital.
El
enfoque de análisis permite concluir que la enunciación que el docente pueda
realizar en términos de futurismo no puede estar anclada en un sistema de
imposición burocrática. Es más, un sistema de imposición de disponibilidades de
acción. Para Gadamer (2018), esto sería una
ética de la comprensión, dicha así a partir de la apertura del sujeto al
encuentro con el otro. Desde este punto de vista, entender es ponerse a la mesa
del diálogo, activamente en la interacción y abandonar la imposición de
verdades cerradas o definitivas. De aquí se explica la razón por la cual la
formación docente deba apelar a la ética y la filosofía y en el caso de la
enseñanza, al amor y la pasión.
Figura 2
Tensiones del deber ser
docente
Tensión ética
docente
.
Deber ser institucional (Normas, estándares, políticas, evaluaciones). Deber ser ético personal (valores, justicia, vocación, conciencia moral).
Nota:
Elaboración propia (2026).
Nota:
Elaboración propia (2026).
Categoría: La praxis
pedagógica (espacio de reconciliación)
La tercera categoría
emergente es la pedagogía de la praxis que proviene del territorio,
conceptualizado como el espacio donde se intersecan el ser y el deber ser del
docente en la acción. Las reflexiones indicaron que una buena cantidad de los
docentes, en sus dilemas éticos, optan por construir en sus estrategias de
enseñanza humanizando el proceso de enseñanza. Uno de los docentes expresó,
“Cuando escucho a los estudiantes, aprendo a ser un mejor docente. El deber ser
proviene del aula, no del libro.” Esta expresión recoge el sentido de Freire (2019) cuando sostiene que enseñar no es
simplemente transferir saberes, es crear condiciones para que el estudiantado
se apropie de un sentido.
Mora (2024) sostiene
que la pedagogía crítica se materializa en los procesos de enseñanza cuando los
docentes, mediante un ejercicio reflexivo y razonado, asumen una postura ética
frente a las injusticias sociales. De manera complementaria, Castillo et al. (2023) señalan que el liderazgo
ético del profesorado contribuye a la construcción del ethos profesional de los
estudiantes, lo que transforma el aula en un espacio de formación moral.
Los
resultados señalaron áreas que llevaron a construcciones positivas de la
pedagogía de la práctica como un ejercicio de pedagogía, no como mera
transmisión de un insumo, de conocimiento o de valores. Ejemplifican la
práctica transformadora que articula lo ideal con lo real, el pensamiento con
la acción, el ser con el deber ser. Esto resuena con la elaboración de Morin (2020) que describe la educación como un
marco complejo donde el conocimiento, la ética y lo afectivo se entrelazan para
construir ciudadanos liberados y responsables.
Figura 3
La espiral reflexiva de la
praxis docente
Se da la transformación
Nota:
Elaboración propia (2026).
La
práctica educativa actual puede y debe ser reconocida como un proceso
transformador y reconstructivo de la integralidad del docente. No es solo un
ejercicio de profesión; es también un ejercicio de sentido, donde la identidad
del docente se conjuga con la identidad del ser. Esto provoca una tensión
dialéctica que articula el sentido de la práctica educativa. En esta línea, el
educador no enseña desde una norma, sino desde una consciencia que lo apropia.
Esto convierte su praxis en una experiencia reflexiva donde lo pedagógico, lo
ético y lo ontológico, se articulan en una misma tarea que, en el fondo, ya no
es solo en el aula. Es la humanización de la educación.
Desde la perspectiva de Levinas (2019),
el origen de toda acción moral es la responsabilidad hacia el otro. De esta
manera, y en el ámbito de la educación, se trata de un reconocimiento ético de
la otredad en la relación pedagógica. Educar, en este sentido, significa
cuidar, escuchar y acompañar dignamente, sabiendo que cada encuentro con el
alumno es un encuentro con el rostro del otro, que plantea una exigencia moral.
Comprendido de esta manera, el docente ya no se concibe a sí misma como una
mera transmisora de contenidos, o como una ejecutora de políticas
institucionales; se percibe a sí misma como un sujeto ético que está en
contacto con el profundo significado de su labor pedagógica en contextos
marcados por la fragmentación y la deshumanización. Su trabajo no se limita a
cumplir con estándares preestablecidos, es más, está orientado a la
construcción de una cultura de reflexión ética, donde la enseñanza se concibe
como un acto situado, comprometido y transformador en el aquí y ahora de la
experiencia educativa.
Bajo tales circunstancias,
las prácticas docentes podrían pensarse como una praxis hermenéutica, que
implica un diálogo más distanciado entre lo que hacen los cuadros
institucionales, la norma y la conciencia. Solo en esa doble tensión ética y
creativa puede emerger la enseñanza transformadora que ilumina el sentido que
cada individuo otorga al conocimiento que construimos en la escuela. Una
enseñanza capaz de integrar lo técnico y lo sensible, la norma y lo humano, y
la educación y la esencia real de esta.
Conclusiones
El análisis interpretativo permite reconocer que un
docente actual se enfrenta a encrucijadas existenciales donde el ser y el deber
ser, en este caso, no son ni abstractos ni filosóficos, se vive en paradojas de
la práctica profesional. El ser un analista ilumina que ser maestro es estar en
un proceso continuo y repetitivo de enorme dificultad. De forjar y buscar
desesperadamente autocomprensiones, construcciones de identidad dentro de una
constelación de vocación, una constelación de experiencias y un fuerte
compromiso ético con el otro. No es un ser dado. Es un ser que se relaciona,
con los alumnos, con el conocimiento y con el mundo.
El ser, en
este caso, tiene que ser más que a lista de reglas y prescripciones
institucionales. Es un horizonte ético con el objetivo de estructurar la
práctica educativa, en términos de equidad, responsabilidad, y alineación, en
lo que se refiere a lo ético. Cuanto más un docente incorpore este ‘ser’ ético
a su papel profesional, más la ética, como posición protos,
se transforma en algo casi instintivo. Este sentido de la enseñanza se torna en
actos de encubren, la regla, en una experiencia vivida, humana.
La idea de tensión entre dos
polos –identidad y aspiración– se vuelve más clara y significativa. En esta
configuración, la pedagogía de la praxis ve el potencial para invertir la
tensión y convertirla en crecimiento. La enseñanza, en esta configuración, es
más que meramente la entrega de contenido. La enseñanza, en esta configuración,
es una experiencia multifacética que va más allá de la creación de significado
e incluye los tres dominios primarios del aprendizaje – cognitivo, psicomotor,
y afectivo. La educación, en este caso, es la oportunidad de involucrarse en
una acción intencionada que sostiene el valor intrínseco de todas las partes en
la interacción. La educación, en este caso, es la oportunidad de involucrarse
en una acción intencionada que, en todo momento, sostiene el valor intrínseco
de todas las partes en la interacción.
La noción anterior sitúa al
docente como un sujeto filosófico del discurso sobre la educación. En esta
noción, el docente puede reflexionar sobre preguntas existenciales acerca de su
ser en el mundo y si su enseñanza es consistente con sus realidades vividas.
Preguntas sobre la verdad de sus palabras y el peso de sus acciones. En esto,
el docente está justificado para construir una ética de cuidado, presencia y
consideración hacia el otro. En esto, el docente puede participar en una
pedagogía ontológica de la persona, lo que significa que enseñar es, al menos,
sobre la capacidad de reconocer al otro y que el otro reconozca al otro.
Los
resultados del presente estudio indican que uno de los retos más importantes
que enfrenta la educación hoy en día no consiste en la aplicación de nuevas
tecnologías o en la medición de los resultados de aprendizaje, sino que se
relaciona con la necesidad de reconfigurar la dimensión humana de la actividad
educativa. Desde esta perspectiva, la escuela sigue siendo el lugar del
diálogo, la reflexión, la integral, donde la voz del maestro vuelve a cobrar
relevancia como mediación pedagógica y ética, y no como un mero recurso
instructivo. Desde los supuestos expuestos, el ser y el hacer del docente no se
asumen como dimensiones disociadas, sino como instancias interdependientes en
la articulación entre ethos y praxis, razón y afecto en la práctica educativa.
La enseñanza, entendida así, es
un acto de responsabilidad, un acto de desbordar la deshumanización de la
educación y un acto de invitación al compromiso con un modo de pensar, de
sentir y actuar de manera integrada. El fenómeno de la docencia en la esfera
del ser y del hacer, revela al docente, en primer lugar, como un ser
humanizador, un dador de sentido, y un faro en la oscuridad. La enseñanza, de
todas las cosas, educe una cierta conciencia que, cuando la Filosofía penetra
el tejido civilizatorio, eleva la función de la enseñanza al nivel de una
verdadera vocación, una vocación por la justicia, por la transformación de la
persona humana.
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elaboración.
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Artículo
recibido:
20 de enero de 2026.
Artículo
aceptado:
23 de febrero de 2026.
Fecha
aprobada para diagramación:
25 de febrero de 2026.
Fecha
de publicación: 30
de junio de 2026.
[*] Arnold Barreto
Rodríguez es Dr. en Humanidades en el Instituto de
Estudios Superiores de Investigación y Postgrado (IESIP), San Cristóbal,
Venezuela. Es Licenciado en Filosofía y Educación Religiosa por la Fundación
Universitaria Católica del Norte, Santa Rosa de Osos, Antioquia, y Magíster en
Gerencia Educativa por la Universidad Nacional Experimental del Táchira,
Venezuela. Actualmente se desempeña como docente de secundaria en las áreas de
Filosofía, Ética, Ciencias Sociales e Historia en la Institución Educativa
Departamental Real del Obispo, ubicada en el corregimiento de Real del Obispo,
municipio de Tenerife, Magdalena, Colombia. Correo electrónico de contacto:
abarretor75@gmail.com